domingo, 21 de febrero de 2021

¿Cuando?

 ¿Cuándo te enojaste tanto?


Hace algún tiempo sucedió que alguien intento enseñarme a manejar. Hace bastante. Papá. Pero el grita. Siempre grita cuando no sabe. A veces yo hago lo mismo. En ese momento, mientras gritaba por alguna cosa yo, en el lugar del conductor, pisé el freno y me bajé. Después de comer bastante tierra y con el apuro que me imprimió mi temor a que me dejara ahí me subí y le ordené que me lleve a casa. No se qué le habrá dicho a mamá pero no volvimos a hablar de eso nosotros dos. Nosotros no sabemos hablar de nuestros desencuentros. Yo me enmudezco y me dan dolores de panza, el grita y asi vamos. 

Muchas veces, a partir de esto, le puse frenos. El punto es que siempre me subí de nuevo y me dejé llevar de nuevo por él. Siempre llegué a donde quiso y sobre la recta final me asusté de desencontrarme conmigo. Entonces, escándalo. Grito. Reclamo la conducción perdida. A veces sucede que siempre fue mia, con o sin auto.

Ayer fue demasiado. No te frené mientras gristaste. No enmudecí pero me callé la boca. A veces cuando no podemos hablar del desencuentro me asusto. No sé cuando pasó que te enojaste así. 

Implosiones

Enterarte y gritar por dentro, vivir el estupor y poner play en la serie que estabas viendo hasta que te preguntas si tenes ganas de guardar silencio y compostura por dos semanas (¿cuando mantuviste la compostura? Te lo pido por favor). Entonces confrontas y gritas frente al estupor ajeno (¿solo a vos te puede implotar el corazon?). Qué insoportable esa cara de susto, esa falta de respuesta (calmate). Te preguntas si será inofensivo o no porque cuando se pone así es plenamente vulnerable pero esa fragilidad no te despierta compasión todas las veces. ¿O si? ¿Ese es el problema? Esa manera de vivir comiendo pasión.