lunes, 16 de febrero de 2015

Ojitos tristes

Hay un lugar muy triste que todos tratamos de evitar y sin embargo no sabemos cómo se ve. Extrañamente, sabemos de él solo por el efecto de un espejo difícil de ignorar. Es solo cuando la miseria de la propia situación se refleja en la mirada de otro que tomamos contacto con el profundo vacío que nos habita. ¿Cuántos han de evitar exponer las lágrimas, afirmando que no les gusta llorar, cuando en realidad lo que les disgusta es el público que esas lágrimas puedan convocar? ¿Cuántas veces ocultamos la mirada, dejándola en blanco, como quien mira hacia las profundidades del cráneo, para sacarla del intercambio con quien pudiera sancionarla como "ojitos tristes"? ¿Y acaso no existen seres algo grises, que no pudiendo disimular la tristeza que abunda en todos los rincones de su cuerpo, se recluyen del mundo entre estridencias e independencias?
Solo lloramos para otro cuando hemos podido amarlo. Allí en el amor, donde las lágrimas son solo un signo más de que lo que me hace falta... sos vos.

martes, 13 de enero de 2015

Después de una entrega divertida a las nadas que habitan las bocas de los fumadores, esa noche que dejaba paso al día, el decidió sentarse en un banco al costado del camino naranja. Intentó recuperar lo que extravió en su plan nocturno, pero nadie le devolvió lo que pedía. Y de repente alguien, en la mitad del transito por su propia vida, se detuvo a mirarlo y lo llamó. Él (ya no sabemos bien cuál) decidió reírse de la picardia con que este espectro le hablaba y emprendieron un viaje compartido. La mejor decisión que puede tomarse en el amor es escribir la historia de la caminata desde el momento ultimo anterior a que te toman de la vida y te arranquen del grisáceo silencio que reina en la soledad. La música del otro convoca oscuramente a brillar en los deseos de otro que sin querer, sin saber, sin preguntar, nos ha tomado como su amante. La única luz que puede alumbrar a estos dos que se toman la mano es esa que no se puede sacar a relucir cuando conviene. El amor no es un inconveniente aunque los tenga, pero tampoco tiene que ver con la conveniencia.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

No seremos seres serenos, pero incumplir la invitación de la sirena que con su canto apela a lo oscuro es ya un intento de sosiego de esta oreja que arderia en el mas triste infierno arrojada por palabras que opta por escuchar con la gélida mismidad de lo repetitivo. ¿Que hay para quien jugado en ese aparato, un dia atina a ir mas alla y cambiar para siempre el universo y la propia manera de vivir(se) en él? Para el ahogo de los enmudecidos en lo renovadamente viejo, actos y no actualizaciones. Para lo que silencioso convoca a la muerte, clara tonalidad de una voz asentada en vivir sin consumirse.

domingo, 31 de agosto de 2014

Ento(nces) ment(r)omiento

Apostaría la vida a que en un arrebato del corazón un día no la cuento. Y es que prefiero mil veces un apasionado violento al que por economizar en voz me escatima aliento. Soy hoja y me lleva y trae el viento; soy enojos y puro espamento; soy el agua que añora el sediento pero habito el candor del contento. Fulgurante el brillo del momento, anhelo viviente del que sueña despierto, que apuntando al todo nunca alcanza su cumplimiento. Habré de decir muchas palabras en poco tiempo, pero solo algunas serán verdaderas y nido de mi divertimento. Mas genuino el que faltando al reglamento, me alcance en la maratón al escarmiento; que aquel que por pecar de procedimiento, atrase la marcha con miramientos. No te ofrezco batallas con armamento pero soy asesino del aburrimiento. Si me has de besar, que ese sea nuestro juramento: una promesa vacía que sirva de sacramento.

De la sinonimia...

De las palabras que dicen lo mismo, tratan de hacerlo, de maneras distintas. Somos esas palabras que decimos, las dichas, las por-decir, las en-decir. Somos las palabras que nos dijeron, las que nos dicen, las que nos dirán cuando se agoten las que en el presente nos relatan como estos seres atolondrados de las palabras alejados de la quietud. Existimos en la palabra, por la palabra y para la palabra, en el decir que marca un hacer, un a-ser (sin ser) que es en una y en otra palabra a la vez.
Tenemos distintas maneras de contar lo mismo, un "mismo" que cambia cada vez que lo contamos, que se hace cada vez, una y otra vez, siempre distinto. Ser el escritor de una historia que no se sabe (ni se puede saber) es el arte en estado puro, su más póstuma expresión. Escribimos, nos escribimos. Escribimos pero nunca todo, nunca la historia toda (que no hay). Nunca todo porque es hermoso que siempre quede algo que contar, algo que comentar, algo que decir... un algo que diga y, en ese decir, nos diga. Somos todos palabras caídas en frases de otros que salvajemente se aman, o se odian, que hablan y nos hablan y en alguna de todas esas conversaciones nacemos nosotros... nacimos nosotros dos.
Vos y yo, siempre palabras. Somos sinónimos, dos que dicen lo mismo de maneras distintas. Somos dos que hablan de los mismos dos, que con nosotros hacen tres. Somos dos, dos que gritan distinto, dos interpuestos, dos puestos entre dos. Del puesto a la posición hay un camino que separa del triángulo y deja uno enfrentado con la propia soledad. Ahí, solo queda ligar(ligar-se y, solo asi, ser) en el decir. Estos dos dicen de esos dos mucho más que dos historias. Somos cuatro historias, tres histerias, cuatro términos... pero vos y yo, vos y yo somos sinónimos. Sinónimos que hablan una misma historia de maneras diferentes.

Frenos

¿Viste cuando el colectivo va a una velocidad X y de golpe y porrazo frena? ¡Que bronca! Bueno... ahora pensá en tu año, pensá en todo lo que hiciste, pensá en la velocidad que fue tomando todo. ¿No sentís a veces que acelerás tanto que después es mas el cansancio por esa frenada que no esperabas que por la energía gastada? ¿O es un poco las dos? El mal uso de los frenos cuesta vidas... ¿desde que inventamos los frenos o la velocidad? 
Es loco frenar. Da tiempo, da perspectiva, da vértigo. Frenar un ciclo que no se estaba dando, frenar un ciclo porque termina, frenar para descansar y tomar el envión para seguir otra vuelta mas. Hay varias maneras de frenar, varios que frenan una vez cada tanto. Varios que frenan cuando no hay que frenar, que arrancan temprano o no terminan de arrancar jamas y calientan motores para siempre. Hay quienes frenan porque el corazón (que para mi es el motorazo que se banca las historias que podemos y dos o tres mas, solo para darnos el gusto) pide un poco de aire, pide latir normal, pide bajar revoluciones, no estar a mil. Y los corazones que están siempre a mil, frenan cuando duermen, y sueñan. Ahí, frenamos todos y se activa otra cosa. 
Los proyectos, los sueños, los deseos, todo eso necesita de nuestros motores, nuestros aceleradores, nuestros frenos; del aceite, de la bujía, del agua, de la pasión, de lo frenético, de los frenéticos, de los desesperados, de los esperanzados, de los que quieren, de los que pueden, de los que aman, de los que arremeten, de los que dudan, de los que sienten, de los que escriben, de los que hablan, de los que gritan, de los que lloran, de los que carcajean, de los que hacen carcajear, de los enamorados, de los no correspondidos, de los correspondientes, de los decentes, de los indecentes, de los docentes, de los indóciles, de los cuerpos, de las almas, de los medidos, de los desmesurados, de los tranquilos y los aguerridos; de lo bueno y lo malo, de los dulces y los salados; de los saldos pendientes y los saldos a favor, de los besos de año nuevo, de los abrazos profundos (los de verdad), de los amigos, los no tanto... de todos.

Tocarte el brazo...

Estar ahí, tocarte el brazo y sentir(te) ahí, siempre, ahí. Estas acá, entrás y salís y te cambías y cambías pero no te actualizas. Esos son los reveces de las mascaradas que te hacen diferente en la más estática de las igualdades. Ser siempre diferencia en la deferencia de la estoicidad, disfrazar lo mismo de distinto y que siempre traiga resultados esperados, pero no deseados. Saber leer, saber manipular, saber pedirle al otro, saber pasar al otro entre tus manos hasta que forme parte del antifaz. Vos y el otro, las dos caras del espejo, los dos disfraces, la potencialidad de la mas cruel de las violencias o el amor mas ciego. Cuando la conexión, la nuestra, la de siempre pero distinta, la siempre distinta; atraviesa la foto, paradojicamente ahí es cuando se inmortaliza, ahí se escribe más allá de lo efímero y (nos) toca, une sin hacer(nos) uno, enlaza. Por eso cuando te toco el brazo sabes en lo que estoy pensando antes de mirarme. Porque va mas allá de mirar. Es llenar una boca de lo que ya esta lleno nuestro corazón y, en un incesante recorrido, convencer al otro. No sos vos, soy yo... o no soy yo, sos vos... ¿quien vos y quien yo?... ¿la voz de quien, de cuál, cómo, dónde...?