domingo, 30 de septiembre de 2012

¿Y si un día todo cambiara? ¿Qué pasaría si de un momento a otro todo se derrumbase? ¿que harías si todos desaparecieran y dejaras de estar seguro de tus certezas? Cuando expiran las mascaras y son demasiado pesadas para sostenerlas, pero muy dolorosas de sacar... ¿qué hacer? Si mañana se abriera tu corazón al medio, la mente ya no sirviera y las redes que te contenían te soltaran, vos siempre encabritado, siempre por la contraria, ¿para donde podrías correr? ¿como dejarse querer cuando toda la vida te relacionaste defendiéndote  Cuando el cambio conmueve el corazón, y uno es sanguíneo  la estructura se resquebraja. Cuando tocan tan adentro, me doy cuenta de la fragilidad de lo externo, de lo ficticio de las verdades del mundo y de lo cruel de las formas. Cuando pienso en el cambio temo, me reacciona enteramente el cuerpo señalando el peligro y entonces... ¿que? Yo no puedo contestar, y lo que podrían no lo hacen... no es su lugar, no es su función.
Cuando estás orgulloso del movimiento dinámico de tu vida y al mismo tiempo estas moviéndote en el lugar, sin avanzar... cuando te apura un diván, cuando las palabras fallan en tapar, fallan al vestir, fallan y ya... angustia.

viernes, 10 de agosto de 2012

"(...) decime algo que me cambie la vida
o al menos 
decime algo que me cambie el día
decime por ejemplo,
"te voy a decir algo que te cambie la vida
o al menos..."

y no dijiste nada,
te quedaste en silencio
y te lo agradezco (...)"

domingo, 24 de junio de 2012

Perdido. "¿Como?", eso se me viene a la mente. "¿Como?".

¿Me caí del bolsillo de alguien?
No.

AH! Ya sé, ¡salí sin saber el camino de vuelta!
No.

Bueno, me olvidé de ir a buscarme a alguna clase en la facu.
NO.

OK! Entonces no termino de entender como es que la gente puede decir que estoy "perdido". ¿Dirán perdido como extraviado o se refieren a que de mi situación no hay retorno? Capaz que era eso, todo este tiempo, y yo lo ignoraba. Pero la verdad es que tampoco siento que esté en una posición semejante.

"Callado", "desbolado" y "toda la vida" fue lo mas utilizado de nuestra ultima conversación civilizada. Después de mucho tiempo resignifiqué lo que dijeron esa noche.

Calla-do: Calla por alguien que obligar a callar, a silenciar.
Des-bola-do: Persona que solía tener un par de pelotas y las perdió merced de alguien.
"Toda la vida": Acostumbrate.

Yo digo: "Quiero, espero y merezco MÁS."

Uf... ¡como pasa el tiempo!

Pensar que hace no mucho todo giraba alrededor de cualquier cosa y hoy gira alrededor de vos, un imposible. ¡Que maneras tan retorcidas tiene este deseo inconsumable de mantenerse despierto, que maneras tan masoquistas de vivir el amor! Y lo peor, es lo divertido que es. Me encanta pensarte, pensar en tu cara si alguna se me ocurriera pisar Mendoza, me encanta pensar como sonaría tu voz si te tuviera ahí, para mi, solo para mi. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? ... ¿Y cómo?

domingo, 19 de febrero de 2012

Extraño. Extraño, del verbo extrañar. No sé si esta bien o mal, pero extraño. Cada vez menos, pero una vez cada tanto. Es inevitable. Trato de verle el lado positivo: si extraño, es porque quedó atrás, es una historia pasada que se presenta una y otra vez en mi mente con distintos escenarios, se "representa". Es lógico que después de tanto tiempo haya habido inscripción, que haya representación (como aquello que se re-presenta, que se vuelve a presentar). Lo que no hay, es representificación: no hay una presencia que se repite en su materialidad, sino un recuerdo, siempre distinto y eternamente igual de seres del presente que forman parte de mi no tan lejano pasado.
Cuestiono. Cuestiono, del verbo interrogar. Me interrogo sobre la presencia. La presencia en tanto material, concreta (hasta "real" si se quiere) no tiene tanto valor, tanto peso. Es una de esas cosas que se necesitan en un  principio, para que se dé la "presentación",  pero con el pasar de esa escena primera la repetición, la "re-presentación" no necesita de ella como tal. Si no, miráme ahora, recordando, volviendo una y otra vez a la fundación pasada del edificio que jamás construimos por ausentes. Estuvimos, nos inscribimos, fuimos importantes para el otro pero nos dejamos, nos abandonamos, dejamos de hacernos presentes. Nos pusimos en piloto automático, la presencia quedo por fuera, nosotros quedamos por fuera. Lo único que hice yo fue correr mi cuerpo también, quedé completamente fuera. Y ahora, es extraño extrañar.

miércoles, 25 de enero de 2012

Durante mucho tiempo creí en la bondad infinita de la gente, creí que todos decían la verdad, que todos tenían buenas intenciones. También me creí lo que decían de mí, deje que me construyeran: monstruoso o virtuoso, anormal, poco convencional, amanerado, engreído, egocéntrico, infinitamente imperfecto. Creí, siempre creí. A todos les creí y, lo que es mas importante (por lo menos para mí) y siempre lo será, lo hice por amor. Amé, no fue un simple querer, amé; y de ese amor se alimentó mi fe en todo.
Este año discutí con mi fe, le pedí fundamentos y ella, brutalmente inteligente, me dijo que por concepto no podía sino negarme tal cosa. No obstante, mi pedido simplemente escalo una posición: le pedí fundamentos al amor y solo encontré una historia. Leí la historia, como siempre lo hice cada vez que perdí el norte de la cuestión, pero la leí con otros ojos, con otros oídos. Esta vez, me permití cuestionarla. La traumaticé, la cuestioné, pedí explicaciones, busqué entre recuerdos y acciones, nadé en mares enteros de angustia y falta. Me hallé solo este año. No entendí pero llegué a varias conclusiones temporarias.
No podía ser, había algo que no resultaba lógico. Si todos somos buenos, seres de luz con geniales intenciones y si amamos y nos amamos, ¿como es que no hay acciones que muestren ese amor, esa luz? Concluí en que efectivamente, la lógica no todo lo abarca. Y no solo eso, a veces los callados son los menos silenciosos, a veces hacerse el boludo es lo mas inteligente, a veces la falta de fundamentos implica lo que implica, por mas arabescos que la adornen.
Me dolió, salí adelante como pude, trato de perdonar. Y cada día al levantarme se me hace difícil. Y cada tanto me olvido de donde es que saco la fuerza para perdonar, y es entonces cuando vuelvo a perdonar. Sin fuerza, no importa. No es la fuerza lo que hace el perdón. El perdón es perdón, y a mi me alivia. Capaz que a otros no les importa, pero yo lo noto. Noto que estoy sanando por lo afectado que está mi cuerpo.
Es probable que muchos crean que mi discurso es contradictorio. Solo aquellos que me entiendan sabrán que no es así. A ellos, al igual que a todos, gracias por ser (o haber sido) parte de mi vida, sea cual haya sido su papel.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Creerme los relatos...

Leo y releo. Una parte de mi no puede creerlo, la otra sonríe socarrona y dolida y piensa para sus adentros y los míos:

¿Nos creías especiales? ¿Nos creías parte? Te la creíste, caíste. ¡Inocente palomita!

"Estamos todos" pero, ¡che! ¡PARÁ! ¿No falta uno?



No. No falta ninguno. Hace tiempo que está ausente. Estuvo ausente mucho antes de que se ausentara su cuerpo, y por eso cuesta tanto entender estas situaciones. Una vez una amiga me contó que alguien le había dicho que, si bien especiales, todos también somos accesorios, somos reemplazables. Cuando abandonamos un camino, nuestro lugar se llena, otro toma el camino que nosotros dejamos libre. Desaparece nuestro caminar en ese sendero y se materializa en otro. Yo me creí la historia, yo me creí esos relatos de fraternidad infinita; pero siempre el mate tuvo mas protagonismo que yo en ese lugar. Por eso a nadie le duelo, por eso nadie me duela. Por eso, y porque han encontrado reemplazos. No son los mismos que yo, pero son los que tienen que estar alli; y yo soy el que tengo que estar aqui. Por mucho tiempo creí ilusionado cosas que no eran. Hoy escribo una historia distinta, aunque no voy a negar que llegado el momento de cruzarme con lo que escriben otros me estremezco un poco por la angustia.
Sin embargo, estoy rodeado, hoy, ayer, durante el año (pasado y los que vendrán) de gente que ha elegido caminar a mi lado sobre el mismo sendero, bailar con la música que propongo, festejar mi salud y yo la de ellos, apoyarnos en todo por el simple hecho de que nos une un lazo, festejar aun mas, ser felices, compartir las tristezas para que pierdan consistencia, entre mil cosas maravillosas que las palabras no logran atrapar.

Agradezco entonces haber retomado el poder para escribir mis propios relatos.

Feliz Navidad, y adios mi querido pasado.