domingo, 31 de agosto de 2014

Tocarte el brazo...

Estar ahí, tocarte el brazo y sentir(te) ahí, siempre, ahí. Estas acá, entrás y salís y te cambías y cambías pero no te actualizas. Esos son los reveces de las mascaradas que te hacen diferente en la más estática de las igualdades. Ser siempre diferencia en la deferencia de la estoicidad, disfrazar lo mismo de distinto y que siempre traiga resultados esperados, pero no deseados. Saber leer, saber manipular, saber pedirle al otro, saber pasar al otro entre tus manos hasta que forme parte del antifaz. Vos y el otro, las dos caras del espejo, los dos disfraces, la potencialidad de la mas cruel de las violencias o el amor mas ciego. Cuando la conexión, la nuestra, la de siempre pero distinta, la siempre distinta; atraviesa la foto, paradojicamente ahí es cuando se inmortaliza, ahí se escribe más allá de lo efímero y (nos) toca, une sin hacer(nos) uno, enlaza. Por eso cuando te toco el brazo sabes en lo que estoy pensando antes de mirarme. Porque va mas allá de mirar. Es llenar una boca de lo que ya esta lleno nuestro corazón y, en un incesante recorrido, convencer al otro. No sos vos, soy yo... o no soy yo, sos vos... ¿quien vos y quien yo?... ¿la voz de quien, de cuál, cómo, dónde...?

Peu de sens

Una pura imagen, una pura estatua y su pedestal, y los observadores, en el museo... de la vida. Bigotes negros azabache puntiagudos y punzantes que peina a la mañana, intactos cada día. Ballenas de un idioma otro, nómades las islas en que nadan. Va, inventa... todo maquinico, todo igual, con ilusorias variantes que quieren engañar a un oído que es voluntariamente sordo, pero no disminuido, jamás hipoacusico. Lo que quiere, escucha. Lo que quiere, fragmenta. Lo que quiere, muestra. Y lo que no, inventa... pero no crea. No es origen, no oscila mas que silencioso en el deseo, ocultándolo vergonzoso entre lo ruidoso de su exig(t)encia. Pero intenta, porque se engaña, porque le gusta, porque no ve ni siente, porque refresca el candor de un cariño con la temperatura del burlesque que ha de bailar para obnubilar. No se cree su ficción, hace creerla. Y allí va, de palabra en palabra sin decir del todo, de historia en historia sin renovar el cuento, cuadro a cuadro sin colorear distinto. Gusta del gusto a poco que solo se propina.

Lo que no...

El chicle gastado del sabor que no querías, el elástico gastado, el tiempo perdido por no tener algo mejor que hacer, el libro que decepciona... lo que no te causó. En el fracaso de ser motivo mueren los aventureros, allí donde ensayan los moralistas cómo llorar. ¿Cómo hacerse un lugar en el Otro? ¿Cómo? No es La pregunta pero es Una pregunta; por ahora la mía, que comparto con muchos o pocos, mas bien con ninguno, porque compartir inexiste en la tierra del hablante pasivo de sus habladurías todas. No comparto, pero partiendo de este lugar compadezco, padezco acompañado el dolor de los ajenos que lo prestan sin saberlo a un escucha pseudo intencional. Permitime que me empaque un poco con los símbolos que parten de tu boca no siendo tuyos y que, sin jamas dirigirse a mi, me atraviesan peor que si fueran plomo. Plomo en mi, lo mismo que en tu cuerpo no fue capaz de dejarme como cicatriz. Ni siquiera como una pequeña. Poco. Gusto a poco dejan las cosas. Gusto a pasado en el momento justo en que el presente alcanza el horizonte del futuro y mueren abrazados (o abrasados) ambos a la vez. Poco. Poco amor. Poco interés. Hay muchas ganas (aparentes) pero pocos haceres (concretos). Mucha herramienta (lingüística) y poca práctica (carnal). Mucho goce (solitario) poco deseo (enlazando). Perdoname si no pero por favor nunca más vos para mi. 

Sobre gustos...

Prefiero pelo alborotado al peinado de peluquero. Prefiero vestimentas gastadas a las etiquetas de vidriera. Prefiero ruidos melodiosos a música muerta. Prefiero intranquilo a quieto. Prefiero movedizo a estoico. Prefiero levemente apartados a indisolublemente condensados. Prefiero un choque de bocas torpes al trillado beso de película. Prefiero el terror de la primer cita al tedio de la pareja rutinaria. Prefiero los errores escandalosos a los aciertos descuidados. Prefiero una pelea estruendosa a un silencio doloroso. Prefiero la novedad de la primera vez al aburrimiento del encuentro sin ganas. Prefiero un corazón partido a uno jamas afectado. Prefiero tonterías sentidas a filosofias prestadas. Prefiero tesis propias a ideas incorporadas. Prefiero ser amablemente displicente antes que hipocrita en la cordialidad. Prefiero desordenar el mundo a que me lo ordenen. Prefiero gritar en paz a declarar guerras mudas.

jueves, 15 de mayo de 2014

Ahí donde la queja revela su verdad

Personaje ausente, sustentado en la queja que despliega sin poner el cuerpo allí donde sea llamado al lugar de lo que no quiere discutir. No claudica, no renuncia, no acepta, no deja de rechazar el espacio que no le queda mas que ocupar. En su latir exaltado, sus gritos pelados y su amar tirano, pone a trabajar la maquinaria que sustente su victimización mientras que quejándose de la mismidad nos eleva a todos al saber mas allá. Sacrificial puesta (en escena) de aquel ser que se priva de consumir, consumirse y consumarse (conformarse) de lo que sin discreción ninguna cesa nadie de ofrecerle para colmar lo imposible de saciar. Cautiva... de lo que no confiesa mediante la captura de los completos, deseantes en devenir; sueña con Uno que no llegará jamás. Prueba su danza ante el tribunal que guarda los secretos del buen bailar, desconociendo el propio secreto de su andar. Hace de privarse del cuerpo un arte, poniéndolo en juego. Amar sin trabajo, pero poniendo a trabajar; presenta huelga explicita a quien no expone con claridad, aquello que siendo nosotros, no nos para de faltar.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Conspiro contra mi, contra estos dedos que son tan ajenos de mis actos; contra estas cosas que me pasan pero no pasan, solo se actualizan; contra esta voz que se pierde cada tanto para emparejarnos los silencios, que se pierde para no cantarte las verdades, que se pierde para dejarte cantar a vos que no querés cantarme, para dejarme a mi mudo de lo que no quiero decirte en el miedo de creerte capaz de irte un feliz día por la puerta dejándome los regalos que no te pedí nunca porque lo que quiero es que me regales lo que no hay, o que le regales a la alteridad más radical, eso es lo que te pido a gritos... privame. Privado de vos te deseo todos los días más y me enloquezco, y enloquezco al resto, a todo resto de viviente que circunde el universo haciendo de cuenta que puede cuando yo se bien que no podemos ninguno. ¿Por qué subrayar? Porque le divierte a ese no-se-quién que vive conmigo, en mi cabeza, o en mi cuerpo, o en mi casa, o en cada cosa y sufre si lo ignoro porque implica que estoy creciendo y el me tiene de nene, su nene, el que le obedece, aunque no siempre. No siempre arranco de las bocas lo que quiero, pero eso es siempre lo que quiero porque nunca nada es suficiente jamas, porque nada llena la panza del soñador pero todo la alimenta... mucho mas lo que falta. Falta alma para soportar lo que nos falta y faltan ángeles en el cielo para perdonarme a mi por pedirte sin darte la chance a que me des lo que quiero y a vos por caer en mis trampas todas y que aun asi no hagas mas que hacerme sufrir a mi lo que a vos te correspondería. Idiotas todos, pero hijos de puta unos pocos. Nosotros, mi amor, somos dos personas demasiado jodidas. Yo mas que ninguno, pero cada vez mejor.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Uno (más).

Aparece la hora. Esa. La última. Preferiría el tono. Preferiría escuchar algo a ver esta suerte de nada que se disfraza de número. Número que desde lo más paupérrimo, desde lo más patético, se burla. Y si... tiene razón. Llueve. Y yo, que lo hago reír al número, miro como el ventilador junta polvo. Miro como se descascara la pintura del techo. Escucho el ascensor. Espero. Perplejo, espero. Ilusionado, espero. Enojado, espero. Idiota. Cuando todo es igual, todo es uno. Ese uno que no hace ni "un, dos, tres", ni "cuatro, cinco y seis". Ese uno que no baila, pero goza. Ese uno que siempre uno, siempre solo, siempre hace lo mismo, una vez, y una vez (más)... Y entonces oigo la puerta. Espero. Y no era nada. Y lloro, un poco, dándole la espalda. Decido levantarme, re-armarme... amar(me). Hago que ordeno. Hago que hago, pero no hago. No hago. No estoy. No pienso... no pienso más, ni pienso mejor. Si pensara, más o mejor, no me sentaría cada tanto en la silla de madera, La silla, MI silla; a esperar que aparezca cantando. Y me acuerdo un poco y siempre cantaron. "¿Sabias? Siempre cantaron. Pero por primera vez alguien toca la guitarra." Le charlo al reloj ya. Y él ya no se ríe. Se ve que le caí bien. Se ve que caí bien... al fondo. Yo siempre me creo fondos más hondos, de eso no tengo dudas. Si no, ¿qué otro lugar podría darte? Son mis fondos. Son las canciones que me mienten. Son voces que me hablan cuando no hablan las entidades reales que portan cuerdas vocales que desperdician vibración habiendo tantos mudos con tantas cosas más importantes, más lindas, más justas que decir. Pasos. Sh! Silencio. No. No es. Enmudezco. Pierdo la voz. Todavía me queda esa fantasía tonta de que si dejo ir la voz, en una de esas no te pierdo a vos. Todo de gusto. Me tiro en la cama de nuevo. Cada tanto vuelvo a mirar... y aparece la hora. Esa. La última.

Vuelve a empezar... una vez (más).