domingo, 31 de agosto de 2014
Sobre gustos...
Prefiero pelo alborotado al peinado de peluquero. Prefiero vestimentas gastadas a las etiquetas de vidriera. Prefiero ruidos melodiosos a música muerta. Prefiero intranquilo a quieto. Prefiero movedizo a estoico. Prefiero levemente apartados a indisolublemente condensados. Prefiero un choque de bocas torpes al trillado beso de película. Prefiero el terror de la primer cita al tedio de la pareja rutinaria. Prefiero los errores escandalosos a los aciertos descuidados. Prefiero una pelea estruendosa a un silencio doloroso. Prefiero la novedad de la primera vez al aburrimiento del encuentro sin ganas. Prefiero un corazón partido a uno jamas afectado. Prefiero tonterías sentidas a filosofias prestadas. Prefiero tesis propias a ideas incorporadas. Prefiero ser amablemente displicente antes que hipocrita en la cordialidad. Prefiero desordenar el mundo a que me lo ordenen. Prefiero gritar en paz a declarar guerras mudas.
jueves, 15 de mayo de 2014
Ahí donde la queja revela su verdad
Personaje ausente, sustentado en la queja que despliega sin poner el cuerpo allí donde sea llamado al lugar de lo que no quiere discutir. No claudica, no renuncia, no acepta, no deja de rechazar el espacio que no le queda mas que ocupar. En su latir exaltado, sus gritos pelados y su amar tirano, pone a trabajar la maquinaria que sustente su victimización mientras que quejándose de la mismidad nos eleva a todos al saber mas allá. Sacrificial puesta (en escena) de aquel ser que se priva de consumir, consumirse y consumarse (conformarse) de lo que sin discreción ninguna cesa nadie de ofrecerle para colmar lo imposible de saciar. Cautiva... de lo que no confiesa mediante la captura de los completos, deseantes en devenir; sueña con Uno que no llegará jamás. Prueba su danza ante el tribunal que guarda los secretos del buen bailar, desconociendo el propio secreto de su andar. Hace de privarse del cuerpo un arte, poniéndolo en juego. Amar sin trabajo, pero poniendo a trabajar; presenta huelga explicita a quien no expone con claridad, aquello que siendo nosotros, no nos para de faltar.
domingo, 29 de septiembre de 2013
Conspiro contra mi, contra estos dedos que son tan ajenos de mis actos; contra estas cosas que me pasan pero no pasan, solo se actualizan; contra esta voz que se pierde cada tanto para emparejarnos los silencios, que se pierde para no cantarte las verdades, que se pierde para dejarte cantar a vos que no querés cantarme, para dejarme a mi mudo de lo que no quiero decirte en el miedo de creerte capaz de irte un feliz día por la puerta dejándome los regalos que no te pedí nunca porque lo que quiero es que me regales lo que no hay, o que le regales a la alteridad más radical, eso es lo que te pido a gritos... privame. Privado de vos te deseo todos los días más y me enloquezco, y enloquezco al resto, a todo resto de viviente que circunde el universo haciendo de cuenta que puede cuando yo se bien que no podemos ninguno. ¿Por qué subrayar? Porque le divierte a ese no-se-quién que vive conmigo, en mi cabeza, o en mi cuerpo, o en mi casa, o en cada cosa y sufre si lo ignoro porque implica que estoy creciendo y el me tiene de nene, su nene, el que le obedece, aunque no siempre. No siempre arranco de las bocas lo que quiero, pero eso es siempre lo que quiero porque nunca nada es suficiente jamas, porque nada llena la panza del soñador pero todo la alimenta... mucho mas lo que falta. Falta alma para soportar lo que nos falta y faltan ángeles en el cielo para perdonarme a mi por pedirte sin darte la chance a que me des lo que quiero y a vos por caer en mis trampas todas y que aun asi no hagas mas que hacerme sufrir a mi lo que a vos te correspondería. Idiotas todos, pero hijos de puta unos pocos. Nosotros, mi amor, somos dos personas demasiado jodidas. Yo mas que ninguno, pero cada vez mejor.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Uno (más).
Aparece la hora. Esa. La última. Preferiría el tono. Preferiría escuchar algo a ver esta suerte de nada que se disfraza de número. Número que desde lo más paupérrimo, desde lo más patético, se burla. Y si... tiene razón. Llueve. Y yo, que lo hago reír al número, miro como el ventilador junta polvo. Miro como se descascara la pintura del techo. Escucho el ascensor. Espero. Perplejo, espero. Ilusionado, espero. Enojado, espero. Idiota. Cuando todo es igual, todo es uno. Ese uno que no hace ni "un, dos, tres", ni "cuatro, cinco y seis". Ese uno que no baila, pero goza. Ese uno que siempre uno, siempre solo, siempre hace lo mismo, una vez, y una vez (más)... Y entonces oigo la puerta. Espero. Y no era nada. Y lloro, un poco, dándole la espalda. Decido levantarme, re-armarme... amar(me). Hago que ordeno. Hago que hago, pero no hago. No hago. No estoy. No pienso... no pienso más, ni pienso mejor. Si pensara, más o mejor, no me sentaría cada tanto en la silla de madera, La silla, MI silla; a esperar que aparezca cantando. Y me acuerdo un poco y siempre cantaron. "¿Sabias? Siempre cantaron. Pero por primera vez alguien toca la guitarra." Le charlo al reloj ya. Y él ya no se ríe. Se ve que le caí bien. Se ve que caí bien... al fondo. Yo siempre me creo fondos más hondos, de eso no tengo dudas. Si no, ¿qué otro lugar podría darte? Son mis fondos. Son las canciones que me mienten. Son voces que me hablan cuando no hablan las entidades reales que portan cuerdas vocales que desperdician vibración habiendo tantos mudos con tantas cosas más importantes, más lindas, más justas que decir. Pasos. Sh! Silencio. No. No es. Enmudezco. Pierdo la voz. Todavía me queda esa fantasía tonta de que si dejo ir la voz, en una de esas no te pierdo a vos. Todo de gusto. Me tiro en la cama de nuevo. Cada tanto vuelvo a mirar... y aparece la hora. Esa. La última.
Vuelve a empezar... una vez (más).
Vuelve a empezar... una vez (más).
lunes, 19 de agosto de 2013
Leeme en clave dramática...
A mi, la escenita, el show y la mascara. La más cara de mis costumbres, el teatro fuera del escenario; la expansión de mis personajes por fuera de sus lineas, la adopción de guiones en lugar de la toma de palabra. En las tablas de la vida tambalea el sujeto, mi sujeto, que sujetado a la sugerente seducción de la neurosis que demanda, se tapa los ojos frente a la verdad que no sabe y de la que su persona no quiere saber absolutamente nada. No querer saber no se resume a rehusar abrir un libro. No querer saber puede ser bailar entre las dagas del sexo y el amor, haciendo de espejo de sus filos sin nunca encarnar ninguna de las dos. Seducir a los gritos pelados del desconsuelo es un arte de no pocos manejos, que solo algunos han de manejar. Demandar la presencia colmante del otro y al tenerla sustraerse de la escena es, de todas, mi escena preferida. Restarle mi presencia a la situación una vez que el otro se declara presente, y mas aun, deseante. En las danzas en que nos aseguramos enteramente inarreglables, duden de cada palabra, de cada movimiento, de cada gesto. En nuestras mascaradas, todo puede develarse cálculo incalculado de trampas que dejen al otro abierto en (por lo menos) dos, y a uno insatisfecho pero contento, empero jamás feliz.
domingo, 21 de julio de 2013
El escudo resquebrajándose y alguien que llora... ¿vos o yo?
Entró con total resignación, como quien va a que le corten la cabeza. Sin embargo, los fragmentos que caían eran míos. Me hizo pedazos. Me agarró y en lugar de escudarse en mí... me rompió contra el piso, en mil millones de pedazos. Se hizo responsable y me quitó una tarea que yo me adjudico sin ser mía. Asumió lo que le correspondía, se armó como pudo, me dio un beso, me dijo "Ya está, suerte." y empezó a caminar detrás de ese ante quien había que dar cuentas, explicaciones. Y no le pude dar ni mis cuentas, ni mis explicaciones, ni mi saber. Cayó el escudo de su lugar de intermediario, cayó el paladín protector y mártir. Cayó el héroe, el que salva a todo el mundo, el que pelea con los dragones, cayó el santo. Mientras caía se me llenaron los ojos de lágrimas. ¿Cómo ser otro? ¿Cuál es ese otro ser, ese que ya no está en el medio porque no puede, por más que sepa lo que sepa? ¿Qué otro se puede ser? Si en el medio no, si tercero no, si protector no, si escudo no, si ese no... entonces, ¿cuál?
¿Quien lloraba? ¿El escudo que se rompió, el que surgió de los escombros preguntando cuál era el siguiente paso, el actor, el príncipe, el santo, el intocable, el que no supo que más hacer, el que no supo, el que supo y no pudo más, el que sabe y no puede más...? ¿Quien llora? ¿Por quién? ¿Por quién no pudo salvar (porque no necesitaba salvatajes de ningún superheroe) o por él mismo? ¿Por el ser de quién mariconeamos, si no era el fin de nadie? Sin embargo, fue el principio del fin de alguien que no puede seguir siendo algo para nadie, pero al menos alguno para alguien.
Especial para alguien es mucho pedir, ¿no?
¿Quien lloraba? ¿El escudo que se rompió, el que surgió de los escombros preguntando cuál era el siguiente paso, el actor, el príncipe, el santo, el intocable, el que no supo que más hacer, el que no supo, el que supo y no pudo más, el que sabe y no puede más...? ¿Quien llora? ¿Por quién? ¿Por quién no pudo salvar (porque no necesitaba salvatajes de ningún superheroe) o por él mismo? ¿Por el ser de quién mariconeamos, si no era el fin de nadie? Sin embargo, fue el principio del fin de alguien que no puede seguir siendo algo para nadie, pero al menos alguno para alguien.
Especial para alguien es mucho pedir, ¿no?
viernes, 12 de julio de 2013
In-coherencias, en coherencias.
Calentar, ilusionar, actuar, enojar, enloquecer, empujar: amar. Amar para quebrar. Quiebres de la atención, quebrarme en tensión, quebrame el corazón. Son las horas, son zorras, sonoras camas masca el monstruo. Tríos, triadas, el 'vos'-'yo'-'otro', el excitante otro, despedazante otro, el peldaño, la red, nuestra cuna, nuestro arrullo es su presencia, nuestra relación es él, no nosotros, jamás nosotros, nunca sin otro. Cuernos. Por los cuernos tomamos cada celo, cada arma, cada disparo. En cada lastimadura, en cada sangrado, en mi tu voz, la eterna silenciosa que irrumpe en los silencios no decididos de los sueños perturbando. Turbados los amores que surjan normales, iguales, nunca distintos, nunca singulares, nunca compartidos. Aturdidos los ojos de quien amó, las manos del que calló, las cuerdas vocales de quien prometió, las piernas del que bancó. Congelado el que en la ignorancia renunció a desear. Será de mí quien de ti salga a convertirse en la palabra dirigida a quien, en su no escucha, algo escucha y decide paupérrimo amarnos a los dos. Será para siempre mío lo que quedo cuando pasó el pasado hasta que duelar los molares de leche llame al juicio a crecer, diciendo lo que no quiero escuchar pero necesito saber. Será para siempre tuyo el alarido que algún día se hizo presencia en lo que no podías decirme y termine por gritarte yo articulando, otra vez, algo que me desbarataba. Barata. Barata por-no gratuita tu entereza para confesarme que estabas tan en falla como yo y no podías ayudarme. Fallado, faltado, amalgamados en una misma botella que guardaba la dulzura que se nos cayó en la avenida y lo novelesco de criar criaturas creadas por una imagen de lo que el amor tiene que ser, tuvo que ser, tendrá que ser, sin llegar jamás a serlo. La realización del símbolo en las bocas de los que dicen que hay se homologa a la imposición del dicho en los efectos del verbo que nadie escucha y se estrella contra la pared ablandada para que no mueran todos mientras lamen y salivan y muerden y lloran y ríen y activan la máquina solitaria de develar lo que nadie quiere que le muestren.
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