Me tomó de la mano, me obligo a voltear, a cruzar miradas. Me rogaba en silencio que me quedara, pero no me prometía amor, no me garantizaba aceptación. ¿Como estar con alguien así? ¿llegaría a entender como amar a una persona de este tipo o debía arriesgarme a cruzar la puerta y enfrentarme al siguiente amor que el destino pudiera tener preparado para mí?
Comenzaba a amanecer y brillaban sus lagrimas. Pidió que me quedara y honrando la felicidad de nuestro pasado (no sin olvidar aquello que nos arrancó las sonrisas), lo hice. Sin embargo, no podía contemplar semejante imagen. No reconocía quien se sentaba a mi lado. ¿Donde había quedado su fortaleza? ¿no era yo el débil de los dos?
Se destrozaba su corazón, pero era inevitable. Yo no sería el último que la besara, mucho menos el último hombre que la dejara. Al menos eso repetí en mi mente cuando decidí que si perdimos lo que nos unía para siempre, nada mas quedaba por perder. Atravesé la puerta y mientras caminaba a casa, mire al cielo... seguía igual de azul que ayer y no mas azul que mañana. Sonreí.
viernes, 3 de diciembre de 2010
miércoles, 1 de diciembre de 2010
En los últimos días se hacía sentir la precoz vuelta del sol veraniego. Aun no era veintiuno de diciembre pero el calor era notable y, aun así, el sol no había dado lo mejor de si todavía. Ellos estaban sentados en un bar donde una brisa les acariciaba el rostro y les refrescaba la conversación. Se conocían. El sabía que ella había llegado media hora antes al lugar para mirar las vidrieras de los locales de ropa de los alrededores. Siempre lo hacía y le sobraba tiempo para lucir algún accesorio nuevo por primera vez. Ella, sabía que él había estado despierto hasta demasiado tarde la noche anterior. Sus ojeras eran regulares, comunes; pero lo que lo delataba era su remera arrugada, sobre la cual la siesta había echado todo su peso. Se miraban como se miran los viejos amigos, aunque hacía rato que la amistad había dado lugar a otras cosas ahí. Cada tanto alguno decía algo, el otro contestaba y previo un corto dialogo, terminaban en risas. Risa inocente, sincera, adorable. Después de un rato, se fueron del bar, se fueron a caminar entre las sombras que los arboles del barrio hacían en las baldosas. Ella siempre caminó mas rápido que él. Él, eterno distraído, se quedaba mirando cuanta cosa le resultara bella, y era arrancado de su absorto trance por el tirón que ella le daba a su brazo para que retomasen la caminata. En el ultimo tirón, él se acercó a ella, violando solo un poco el espacio prudencial que solía haber entre los dos. Era remarcable su nerviosismo, el de ambos para ser sinceros. También eran obvias sus ganas. Él se acercó incluso mas, y al llegar a su oído pregunto:
¿podés regalarme una promesa de verano?
martes, 30 de noviembre de 2010
El triple filtro...
En la Antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos. Un día, un conocido se encontró con el gran filosofo y le dijo:
-¿Sabes, Sócrates, lo que acabo de oír sobre uno de tus discípulos?
-Antes me gustaría que pasaras la prueba del triple filtro. El primero es el de la Verdad. ¿Estas seguro de que lo que vas a decirme es cierto?- contestó Sócrates.
-Me acabo de enterar y...
-... o sea que no sabes si es cierto. El segundo filtro es el de la Bondad. ¿Quieres contarme algo bueno sobre mi discípulo?-
-Todo lo contrario.- replico el conocido.
-Con que quieres contarme algo malo de él y sin saber si es cierto. No obstante podría pasar el tercer filtro, el de la Utilidad, ¿me va a ser útil?
-No mucho.
-Si no es ni cierto, ni bueno, ni útil, ¿para que contarlo?
lunes, 29 de noviembre de 2010
No entiendo, te lo juro con el corazón, con el alma. No entiendo. No entiendo de que manera quererte para que me quieras, no entiendo que tengo que hacer para que me dejes ser, para que me dejes respirar. Necesito aire, necesito que tu abrazo no me asfixie, que tu beso no me ahogue, que tu cariño no sofoque.
De alguna manera te las arreglas para que siempre sea yo el equivocado, el enfermo, el malo. Me apuñalan tus comentarios, tus cuestionamientos, tus criticas. Me pregunto, si yo te criticase lo mismo que vos a mi, ¿que dirías al darte cuenta que tengo mas razones para hacerlo que vos?
El corazón, escondido en un rincón en el pecho, te ve llegar y sufre, le agarra taquicardia. En parte porque sabemos lo que se viene, en parte porque siempre hay un factor sorpresa en tus reclamos.
Que rara manera de amarme, que clásica manera de ignorar lo mal que la pasa tu mente estando sola, que común forma de alejarme y evitar que te ame.
De alguna manera te las arreglas para que siempre sea yo el equivocado, el enfermo, el malo. Me apuñalan tus comentarios, tus cuestionamientos, tus criticas. Me pregunto, si yo te criticase lo mismo que vos a mi, ¿que dirías al darte cuenta que tengo mas razones para hacerlo que vos?
El corazón, escondido en un rincón en el pecho, te ve llegar y sufre, le agarra taquicardia. En parte porque sabemos lo que se viene, en parte porque siempre hay un factor sorpresa en tus reclamos.
Que rara manera de amarme, que clásica manera de ignorar lo mal que la pasa tu mente estando sola, que común forma de alejarme y evitar que te ame.
domingo, 28 de noviembre de 2010
Pido mas...
Pido mas porque me merezco un poco mas. Un poco mas de todo, un poco mas de todos. Un poco mas de respeto tal vez, respeto por lo que soy y quiero, por lo que hago y digo, incluso cuando no coincidan; por lo que siento y necesito, aunque tengas que sacar los ojos de tu ombligo. Un poco mas de distancia, porque a veces el amor que me brindan es mas asfixiante de lo que es profundo, mas invasivo de lo que es autentico. Un poco mas de reconocimiento, porque no soy un factor que debieran dar por sentado, y no obstante suelen hacerlo.
Pido mas porque lo merezco, pido mas porque quiero mas. Pido mas porque las migajas ya no son suficientes. Pido mas.
Pido mas porque lo merezco, pido mas porque quiero mas. Pido mas porque las migajas ya no son suficientes. Pido mas.
jueves, 25 de noviembre de 2010
Pese a quien le pese...
Ayer cuando renuncié a mi ser belicoso no medí lo que perdía en función de lo que iba a ganar. Me pareció una noción demasiado económica y de muy poco corazón, así que decidí no inferir. Perdí mucho, me perdí. Perdí una parte troncal de mi, costó recuperarla, costó recuperarME.
Peor aun, sabiéndome en la cola para cobrar esas promesas que hicieron con tal que yo acallase eso mas distintivo de mi. Entregándoles mi color mas definitivo, mas mío, entré en la vorágine de recibir de sus golpes los peores. Humillación, faltas de respeto. Sucio, estaba sucio. Y todo me lo hice yo, todo a mi. Yo acepte, yo accedí, y el resto es responsabilidad mía. Yo los dejé. Ustedes simplemente se acomodaron, se sentaron cómodos, pisotearon todo lo que había para pisotear y pidieron mas, siempre insaciables. Siempre piden mas, nunca soy suficiente, siempre encuentran algo que vaciar.
Y así, como si nada, epifanicos como son los cambios que significan; volví. Volvió un día a tocar a la puerta de mi mismo ese que me permití dejar atrás. Vino sin reproches, tiene marcas en la cara, marcas de agua salada. Viste de blanco, todo de blanco, bien como nos gusta. Porta una pulsera en la mano izquierda, una tobillera en la pierna derecha y un colgante nuevo. Sus ojos brillan, llenos de certeza, de esperanza. Tiene la barba recortada, porque nunca nos gusto afeitarnos; y el pelo relativamente despeinado. No parece importarle. En su alma hay cicatrices de lo que pasó, de todo cuanto dolió, de cada segundo que murió esperando al siguiente, de cada amor que concluyo dando paso al futuro, de cada amistad que quedó inmaculada en el recuerdo. Está descalzo, bien en contacto con la tierra que pisa; pero ambos sabemos que sigue con su mente aferrada fielmente a las nubes. Es el mismo, pero con este toque tan extrañamente distinto. Si no lo conociera mejor, diría que no soy yo. Lo que mas me llama la atención es como sonríe al verme. Sonríe sin miedo a que su sonrisa no sea fotogénica, sonríe como si estuviera orgulloso de lo mucho que aprendí, sonríe agradeciendo que lo pude traer de vuelta acá, a casa.
Corre la brisa, se acerca con su mochila colgada, siempre de un solo lado, el izquierdo. Los dos, eternamente zurdos. Me despeina un poco, me abraza y ambos desaparecemos, nos fusionamos, pero ya hay mas de el que de mi, como debe ser.
Hoy vuelvo, hoy vuelve... volvemos a reclamar nuestro lugar, lo que nos corresponde. Volvemos sin reproches, pero con la firme decisión de que nos dejen ser, de que no pase mas lo que pasó, de que nunca mas renunciemos a nosotros por los otros. Hoy, firmes y seguros, valientes y plantados, mas grandes y adultos, venimos para cambiar lo que está mal, para reubicar lo reubicable, reciclar lo reciclable y desechar lo desechable. Hoy volvemos, pese a quien le pese.
Peor aun, sabiéndome en la cola para cobrar esas promesas que hicieron con tal que yo acallase eso mas distintivo de mi. Entregándoles mi color mas definitivo, mas mío, entré en la vorágine de recibir de sus golpes los peores. Humillación, faltas de respeto. Sucio, estaba sucio. Y todo me lo hice yo, todo a mi. Yo acepte, yo accedí, y el resto es responsabilidad mía. Yo los dejé. Ustedes simplemente se acomodaron, se sentaron cómodos, pisotearon todo lo que había para pisotear y pidieron mas, siempre insaciables. Siempre piden mas, nunca soy suficiente, siempre encuentran algo que vaciar.
Y así, como si nada, epifanicos como son los cambios que significan; volví. Volvió un día a tocar a la puerta de mi mismo ese que me permití dejar atrás. Vino sin reproches, tiene marcas en la cara, marcas de agua salada. Viste de blanco, todo de blanco, bien como nos gusta. Porta una pulsera en la mano izquierda, una tobillera en la pierna derecha y un colgante nuevo. Sus ojos brillan, llenos de certeza, de esperanza. Tiene la barba recortada, porque nunca nos gusto afeitarnos; y el pelo relativamente despeinado. No parece importarle. En su alma hay cicatrices de lo que pasó, de todo cuanto dolió, de cada segundo que murió esperando al siguiente, de cada amor que concluyo dando paso al futuro, de cada amistad que quedó inmaculada en el recuerdo. Está descalzo, bien en contacto con la tierra que pisa; pero ambos sabemos que sigue con su mente aferrada fielmente a las nubes. Es el mismo, pero con este toque tan extrañamente distinto. Si no lo conociera mejor, diría que no soy yo. Lo que mas me llama la atención es como sonríe al verme. Sonríe sin miedo a que su sonrisa no sea fotogénica, sonríe como si estuviera orgulloso de lo mucho que aprendí, sonríe agradeciendo que lo pude traer de vuelta acá, a casa.
Corre la brisa, se acerca con su mochila colgada, siempre de un solo lado, el izquierdo. Los dos, eternamente zurdos. Me despeina un poco, me abraza y ambos desaparecemos, nos fusionamos, pero ya hay mas de el que de mi, como debe ser.
Hoy vuelvo, hoy vuelve... volvemos a reclamar nuestro lugar, lo que nos corresponde. Volvemos sin reproches, pero con la firme decisión de que nos dejen ser, de que no pase mas lo que pasó, de que nunca mas renunciemos a nosotros por los otros. Hoy, firmes y seguros, valientes y plantados, mas grandes y adultos, venimos para cambiar lo que está mal, para reubicar lo reubicable, reciclar lo reciclable y desechar lo desechable. Hoy volvemos, pese a quien le pese.
Observo...
Veo como se termina el amor y me pregunto, ¿fue amor o locura adolescente? ¿hasta que punto entendemos el amor? ¿fue amor si se acabó? ¿deja de serlo por ello? ¿es solo si no concluye? ¿hay amor concluso de forma pacifica? Es increíble como de lo ultimo que nos acordamos es de lo bueno del principio. Toda pareja irradia algo indescriptiblemente hermoso al comenzar su relación. No se si es que con el paso del tiempo uno se acostumbra a esa tonalidad energética o que la misma va bajando, hasta evaporarse completamente. Si se que llegando al final, jamas revolvemos esa parte del baúl, jamas miramos atrás y reconocemos que todas las sonrisas del camino son gracias a el "nosotros" que formaron dos egos aleatorios. Es difícil reconocer lo positivo cuando no nace de una creación totalmente propia.
La muerte del amor entre dos seres deja en el espacio una sensación muy particular, muy parecida a la muerte de una estrella. La conclusión de un amor deja a su paso un gran vacío, muy análogo al que deja una estrella al desaparecer. Donde antes estrella, hoy agujero negro; donde antes amor, hoy desesperanza.
Y yo, observo y sufro el vacío como si fuera mio.
La muerte del amor entre dos seres deja en el espacio una sensación muy particular, muy parecida a la muerte de una estrella. La conclusión de un amor deja a su paso un gran vacío, muy análogo al que deja una estrella al desaparecer. Donde antes estrella, hoy agujero negro; donde antes amor, hoy desesperanza.
Y yo, observo y sufro el vacío como si fuera mio.
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